Todo puede “malir sal” y la Argentina termina sin salud y sin economía

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previamente publicado aquí

No debería de extrañarnos la situación actual. Retrotayendonos a la falsa dicotomía, terminamos sin salud ni economía. Algo sumamente esperable de un gobierno que de inicio arrancó mal y se durmió en los laureles cuando alcanzó una preocupante pero altísima popularidad al satisfacer la demanda de paternalismo por parte de la sociedad. El Presidente era aplaudido por salir en cadena nacional a explicarnos power points de dudosa fiabilidad y hasta se habían creado grupos que se encargaban de “escrachar” en redes sociales gente que no cumpliera a rajatabla lo dictaminado por el gobierno.

Afortunadamente, esto cambió en poco tiempo y los errores no se hicieron esperar. En cuestión de meses vimos situaciones donde primaba la irracionalidad. Desde negarle el acceso a un padre para despedir a su hija, a vender drogas en las ambulancias. De presenciar una escena sexual en el congreso a aplaudir declaraciones de robo. De sarasear en conferencia de prensa a no reconocer el presente de legisladores en la Cámara de Diputados de la Nación.

Dichas irracionalidades fueron acompañadas por las lógicas (pero al parecer inadvertidas por el gobierno) consecuencias socioeconómicas de encerrar cavernicolamente 45 millones de argentinos. La pobreza se disparó, la actividad se derrumbó junto con el producto, se destrozaron miles de puestos de trabajo y cerraron muchísimas empresas. Se perdió un año de clase y se ponderó a la pandemia por encima de la Constitución. Todo el esfuerzo -siempre del privado- fue lamentablemente en vano, hoy presentamos más de 40 mil muertos. Se planteó la salud como un absoluto, como algo incuestionable, pero fue vista desde un plano meramente sanitario, en el sentido de que no importó la salud mental ni la salud física, únicamente interesaban las muertes por coronavirus. El plano tampoco fue “científico” como ellos se jactaban de ser aquel 10 de diciembre de 2019, simplemente fue una cuestión de incentivos políticos, ya que las únicas muertes que cargaba sobre la espalda Fernandez eran las provocadas por el virus.

La respuesta fue clara: dejemos todo de lado total siempre habrá un culpable y tratemos de controlar la situación sanitaria. Como era de esperar, salió mal. Argentina se encuentra dentro de los países con más muertes por millón de habitantes, décimo segunda en términos de contagios y con una cantidad de testeos ridículamente baja. Frente a dicha situación y de la mano del típico accionar de estos gobiernos, fue necesario encontrar un rival. Los populismos suelen manejarse de tal modo, identifican a un líder (Fernandez) quien determina qué es lo moralmente correcto (la cuarentena) -Moralmente correcto para su supervivencia digamos- y aquel que no caiga dentro de este armado es considerado un enemigo sobre el cual el líder logra replicar su simple pero efectiva oratoria donde quien no cumpla con lo establecido es culpable de todos los fracasos. Este enemigo en un principio eran “los chetos que volvían de viaje” luego fue el surfer, luego los runners y ahora parece ser que somos los jóvenes.

Es por eso que el miércoles 13 fuimos convocados a debatir junto al Club de la Libertad y demás invitados. Personalmente compartimos la gran mayoría de los puntos levantados, pero creo que principalmente estuvimos de acuerdo en la falta de autoridad moral del gobierno para pedir e imponer alocadas restricciones a jóvenes que disfrutan de 10 días en la costa luego de un difícil año y la importancia de la desobediencia civil. No es una cuestión de inmadurez, ni tampoco de irresponsabilidad, simplemente no existe fundamento lógico luego de que el gobierno haya organizado el evento más masivo del año al cual acudieron un millón de personas, haya permitido marchas a favor y en contra del aborto junto con marchas oficialistas y opositoras. No las critico, para nada, es más hasta he asistido a algunas. La cuestión está en la doble vara, la pérdida de la autoridad moral y la necesidad de crear un nuevo culpable para poder salir lo más limpio de todo este lío.

Everything Can “Burn out Tad” and Argentina ends up without health and without economy

translation by Eduardo Aviles

The current situation should not surprise us. Falling back into the false dichotomy, we end up without health or finances. Something highly to be expected from a government that initially started badly and rested on its laurels when it reached a worrying but extremely high popularity by satisfying the demand for paternalism on the part of society. The President was applauded for going on the national network to explain to us power points of doubtful reliability and groups had even been created that were in charge of searching in social networks people who did not strictly comply with what was dictated by the government.

Fortunately, this changed in a short time and the errors did not take long. In a matter of months we saw situations where irrationality prevailed. From denying a father access to say goodbye his daughter, to selling drugs in ambulances. From witnessing a sex scene in Congress to applauding statements of theft. From jabbering in a press conference to not recognizing the presence of legislators in the Chamber of Deputies of the Nation.

These irrationalities were accompanied by the logical (but apparently inadvertent by the government) socioeconomic consequences of locking down 45 million Argentines. Poverty skyrocketed, activity collapsed along with the product, thousands of jobs were destroyed and countless businesses closed. A year of school was missed and the pandemic was put above the Constitution. All the effort – always private – was unfortunately in vain, today we present more than 40,000 deaths. Health was considered as an absolute, as something unquestionable, but it was seen from a purely health perspective, in the sense that mental or physical health did not matter; only deaths from coronavirus were of interest. The plane was not “scientific” either, as they boasted of being on December 10, 2019; it was simply a matter of political incentives, since the only deaths that Fernandez carried on his back were those caused by the virus.

The answer was clear: let’s put everything aside, there will always be a culprit and let’s try to control the health situation. As expected, it went wrong. Argentina is among the countries with the most deaths per million inhabitants, twelfth in terms of infections and with a ridiculously low number of tests. Faced with this situation and hand in hand with the typical actions of these governments, it was necessary to find a rival. Populisms are usually handled in such a way, they identify a leader (Fernandez) who determines what is morally correct (quarantine) -Morally correct for his survival, let’s say- and whoever does not fall within this armed group is considered an enemy on which the leader manages to replicate his simple but effective oratory where whoever does not comply with the established is guilty of all failures. This enemy at first was “the snobs who returned from a trip” then it was the surfer, then the runners and now it seems that it is we, the young people.

That is why on Wednesday the 13th we were summoned to debate with the Club de la Libertad and other guests. Personally, we share the vast majority of the points raised, but I think we mainly agreed on the lack of moral authority of the government to request and impose crazy restrictions on young people who enjoy 10 days on the coast after a difficult year and the importance of civil disobedience. It is not a question of immaturity, nor of irresponsibility, there is simply no logical basis after the government has organized the most massive event of the year, attended by a million people, and has allowed marches for and against abortion together with official and opposition marches. I am not criticizing them at all; in fact I have even attended some. The question is in the double rod, the loss of moral authority and the need to create a new culprit in order to get out of this mess as clean as possible.

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